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¡Cuidado! El peligro de utilizar pizarras tradicionales

pizarra tradicional, tizas

La imagen tradicional del formador llenando de fórmulas el encerado, esconde un peligro para la salud que desconocíamos hasta hace relativamente poco tiempo. No tenemos nada en contra de las fórmulas matemáticas o de la índole que sean, pero sí contra la fórmula que entrañan la construcción de ese tipo de pizarras.

Según estudios realizados por entidades sanitarias, las pizarras tradicionales suponen un riesgo importante para la salud pública al incorporar elementos altamente dañinos como es el caso del amianto.

Se trata de una variedad de amianto llamado Crisotilo, también conocido como amianto blanco, que suele ir mezclado con cemento ara crear una masa compacta. Esta masa, a pesar de su dureza, no exime el riesgo de salud que supone su manipulación, ya que hablamos de un 90% de amianto en su composición total.

El estudio ha detectado este mineral, compuesto por fibras de átomos de sílice y metales pesados, en pizarras fabricadas con anterioridad a 1990, por lo que recomiendan la localización y sustitución de las mismas, como medida de prevención.

Los efectos que provoca el amianto en la salud son demoledores, siendo altamente causa de cáncer de pulmón, o asbestosis (fibrosis pulmonar).

Por otro lado, señalamos que el uso de la tiza puede provocar dolencias menos severas, aunque también importantes, como afonías, infecciones respiratorias frecuentes, bronquitis crónica, al introducirse por las vías respiratorias del usuario.

Ante este alarmante panorama, los colegios y centros formativos poseedores en sus aulas de estas herramientas peligrosas, han comenzado a sustituirlas por un formato mucho más prometedor y saludable como es la pizarra digital.

Las pizarras blancas se convierten en el heredero más acertado, que aporta diferentes funcionalidades al entorno de trabajo, ya sea como pizarra, tablero o pizarra táctil interactiva (pdi).

En las aulas y centros formativos,  los estudiantes y docentes pasan muchas horas compartiendo el mismo techo, y necesitamos confiar en que sean espacios que no supongan un riesgo para la salud.

La transformación de estos espacios en entornos colaborativos avanzados, no es solo un cambio tecnológico, sino una apuesta por la salud, que no debe caer en saco roto.

Bandeja de tiza